domingo, enero 31

La normalidad apesta

La gente en general me tilda de anormal, yo lo llamaría excéntrica. Lo soy, al punto de disfrutar la autodestrucción, notoria en gran parte de mi vida. Empezó a manifestarse alrededor de los doce años, "una expresión externa de un grito interno". Una muy amiga pasaba por lo mismo, lo compartíamos en secreto, aún lo hacemos. Muchos de mis recuerdos felices se remontan a aquella época, el hecho de lastimarme era algo totalmente "normal" para mí, había dejado de ser mi forma de catársis para convertirse en algo cotidiano. Pero yo era más que felíz, estaba sumida en mi misma y no pretendía ayuda de ningún tipo, no creía necesitarla. Todo lo que implicara un daño para mi me significaba algo positivo, bueno para mí.

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